Hace unos días leí un artículo bastante completo sobre las expectativas económicas de México para 2025 basado en la encuesta quincenal de Citi. Como alguien que sigue de cerca estos temas —no solo por interés técnico, sino porque creo que la economía sí impacta nuestras decisiones diarias—, sentí la necesidad de escribir esta reflexión.
La encuesta, como cada quincena, recoge la opinión de analistas financieros de bancos e instituciones. Lo que sorprende, o quizá ya no tanto, es la normalización de un crecimiento de apenas 0.1% para todo el año. No es una recesión oficial, pero cualquiera que esté tratando de emprender, conseguir empleo o simplemente estirar el salario, sabe que esto se siente como recesión.
¿Por qué no crecemos?
La narrativa del artículo expone claramente cómo el bajo dinamismo económico ha sido una constante desde enero. Cada mes se ajusta a la baja. Y no es porque los analistas sean pesimistas, sino porque los indicadores no dan para más.
Entre la incertidumbre política que se avecina con las elecciones, la falta de inversión pública eficiente, y la desconfianza que aún pesa sobre muchas decisiones del gobierno, México parece estar atrapado en una inercia económica peligrosa.
¿La inflación está bajo control? Sí, pero…
Otro punto que se menciona es que la inflación “baja” está anclada para 2026. Pero hoy, la inflación subyacente sigue terca, y eso se traduce en que el súper sigue subiendo, el gas sigue subiendo, y el salario sigue sin alcanzar.
Los analistas esperan que el Banco de México recorte su tasa objetivo a 7.50%. ¿Esto ayuda? En teoría, sí. Pero en un país donde muchos ni siquiera tienen acceso a crédito formal, el efecto real es limitado.
Un peso fuerte, pero ¿para quién?
El artículo también resalta que el tipo de cambio sigue estable. Y sí, eso es buena noticia para quienes importan o viajan. Pero para la mayoría de la población que vive con pesos y compra en mercados locales, la fortaleza del peso no resuelve su realidad diaria. El poder adquisitivo sigue desgastado.
¿Qué me deja este análisis?
Me parece valioso que se haya hecho un esfuerzo por comparar mes a mes cómo han cambiado las expectativas. Eso le da contexto y seriedad. Pero lo más importante para mí es el cierre del artículo, donde se ofrecen recomendaciones prácticas. Porque más allá de los tecnicismos, lo que necesitamos hoy son herramientas para adaptarnos, anticiparnos y no quedarnos parados esperando a que el país “reaccione”.
En conclusión
Si esperas grandes cambios económicos para este año, mejor sé realista. No se trata de ser pesimista, sino de tomar decisiones con los pies en la tierra. Si tienes un ingreso estable, cuídalo. Si puedes aprender nuevas habilidades, hazlo. Si estás pensando en emprender, planea con cuidado.
Y sobre todo, no dejes de informarte. Porque si algo nos enseña esta encuesta es que el panorama económico no es algo lejano: es el contexto en el que vivimos y tomamos decisiones todos los días.
¿Tú cómo ves el futuro económico del país? ¿Lo estás sintiendo en tu día a día? Te leo en los comentarios.

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